Entender los cambios hormonales para elegir el tratamiento adecuado.
Permíteme hablarte hoy de la perimenopausia. Es un momento delicado para las pacientes y también para los ginecólogos. La perimenopausia es la etapa de transición que precede a la última menstruación. Puede durar entre 4 y 8 años y no equivale simplemente a una “bajada de estrógenos”: se caracteriza, sobre todo, por niveles hormonales cambiantes e impredecibles(1).
A medida que disminuye la reserva ovárica, el diálogo entre ovario, cerebro e hipófisis se vuelve inestable. Cuando el ovario empieza a agotarse, la FSH tiende a subir, pero el estradiol – la hormona responsable de los síntomas- puede subir, bajar o incluso alcanzar picos superiores a los de etapas reproductivas previas. Al mismo tiempo, la producción de progesterona puede ser menos consistente. Este “vaivén hormonal” explica que los síntomas sean tan distintos de una persona a otra y que también cambien a lo largo de los meses.
Algunas personas notan primero que no se sienten como antes: cansancio, cambios de ánimo, ansiedad, dificultad para concentrarse o alteraciones del sueño. Otras consultan por ciclos más cortos, largos o irregulares; sangrado más abundante; sensibilidad mamaria; hinchazón; irritabilidad; migraña relacionada con el ciclo; sofocos o sudores nocturnos. Por eso, el diagnóstico suele basarse más en la edad, los cambios del ciclo y los síntomas que en una analítica hormonal aislada: la FSH y el estradiol fluctúan demasiado como para orientar de forma fiable el tratamiento habitual.
No existe un tratamiento único
El abordaje debe individualizarse según qué síntomas predominan, si se necesita anticoncepción, el patrón de sangrado y los factores de riesgo personales. En términos sencillos, existen tres estrategias hormonales principales.
- Terapia hormonal de la menopausia.Es más útil cuando predominan los sofocos, los sudores nocturnos, el sueño alterado, la fatiga o la sensación de niebla mental asociada al déficit estrogénico. Aporta estradiol para aliviar estos síntomas. Si la persona conserva el útero, debe añadirse un progestágeno para proteger el endometrio. El estradiol transdérmico suele preferirse cuando preocupan la migraña o el riesgo trombótico. Esta terapia no es anticonceptiva.
- Anticonceptivos hormonales combinados.Pueden ser una buena opción cuando, además de síntomas, se busca evitar embarazo, regular los ciclos o controlar sangrado abundante y dolor menstrual. Suprimen la ovulación y reducen las fluctuaciones hormonales propias de la perimenopausia. Los esquemas continuos o extendidos ayudan a evitar las caídas hormonales de los días de descanso. No son adecuados para todas las personas, especialmente ante migraña con aura, tabaquismo después de los 35 años, hipertensión no controlada o antecedentes de trombosis, ictus o cardiopatía.
- Progesterona o progestágenos sin estrógeno.Son una alternativa cuando el estrógeno está contraindicado, no se tolera o no se desea. La progesterona micronizada a dosis altas puede reducir sofocos y favorecer el sueño; otros progestágenos también pueden aliviar síntomas vasomotores. Sin embargo, esta estrategia no proporciona anticoncepción fiable por sí sola.
La idea clave con la que quiero que te quedes es muy sencilla: en perimenopausia se trata a la persona, no una cifra hormonal. La mejor opción es la que equilibra alivio sintomático, control del ciclo, necesidad anticonceptiva y seguridad individual.
Antón Millet
Referencia
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Clínica Millet - Clínica de la Mujer
Médicos especialistas en ginecología, reproducción, diagnóstico prenatal, preparto y posparto, pediatría, endocrinología, deporte, psicología y medicina estética en Valencia.
