¿Estamos ante un conocimiento estancado?
El conocimiento de los tratamientos hormonales es esencial en ginecología. Leo con interés todas las novedades que se van publicando en ese campo. Sin embargo, últimamente me invade cierta sensación de que el tema no avanza a la velocidad que me gustaría.
Te resumo lo que sabemos. La reciente revisión de Skeith y Bates 1 y el análisis de Barcellona y colabs 2 han vuelto a poner sobre la mesa la compleja relación entre la terapia hormonal y el riesgo trombótico. Aunque ambos artículos son completos e informativos, no encuentro en ellos una herramienta práctica, aplicable a mis pacientes, que me permita cuantificar de forma individual y precisa su riesgo trombótico.
Ambos estudios coinciden en esto:
- La vía de administración es clave: El estradiol transdérmico (parches, geles, sprays) sigue siendo el “rey de la seguridad”. Al evitar el paso hepático, no activa la cascada de coagulación, siendo la opción preferida en la menopausia.
- No todos los progestágenos son iguales: La progesterona micronizada y el DIU de levonorgestrel se consolidan como las opciones con menor impacto metabólico y riesgo de tromboembolismo venoso (TEV).
- Factores de riesgo clásicos: La obesidad, el tabaquismo y la edad siguen siendo los verdaderos multiplicadores del riesgo. Una usuaria obesa de anticonceptivos combinados multiplica su riesgo por 24, un dato que no ha cambiado sustancialmente en años.
El estancamiento del conocimiento
A pesar de la aparición de nuevas píldoras (como las que combinan estradiol con dienogest), la realidad es que seguimos basando nuestras decisiones en el riesgo relativo de fármacos desarrollados hace tiempo. El estudio de 2026 aporta matices importantes sobre la no interrupción de hormonas en cirugía pero no proporciona herramientas de predicción individualizadas.
En mi opinión, seguimos atrapados en una situación sin salida: sabemos que el riesgo está ahí, pero nos faltan biomarcadores precisos para cuantificarla de forma individual de manera que podamos personalizar la terapia. Es evidente que La ciencia ha refinado las recomendaciones, pero no ha logrado una innovación disruptiva que elimine el riesgo trombótico de la terapia oral. La clave sigue siendo el asesoramiento individualizado y el sentido común clínico, los mismos que usábamos hace diez años. El mismo que usaba mi padre.
Antón Millet
Bibliografía:
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Clínica Millet - Clínica de la Mujer
Médicos especialistas en ginecología, reproducción, diagnóstico prenatal, preparto y posparto, pediatría, endocrinología, deporte, psicología y medicina estética en Valencia.
